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Beggars Banquet

Allá por 1968 los Rolling Stones salían de un período complicado. Nada que no se volvería a ver más adelante, pero las redadas, el grillete fiscal de Su Majestad la Hacienda Británica y la mala prensa de los sectores más conservadores de la sociedad hicieron de 1967 un año duro de roer.

En lo musical la cosa fue muy distinta. Si bien es cierto que tenemos ese inconsistente experimento psicodélico que es Their Satanic Majesties Request y un acercamiento a la música pop que podía interpretarse como forzado o comercial, la verdad no se puede negar: el grupo estaba metido en una excelente espiral creativa. Todo empezaría en 1966, mostrando en Aftermath unos Stones hambrientos de nuevos sonidos e influencias, pero sin perder la luz del faro del blues, que había iluminado la concepción y la revolución de los ingleses. Curiosamente fue Brian Jones, antaño purista talibán del blues del Mississipi, quien viera un cambio más extremo durante esos meses, experimentando con toda clase de instrumentos del mundo y aportando nuevos sonidos y sabores a las composiciones del grupo. Sin olvidar a Jagger y a Richards, el primero encontrando a golpe de cadera su espacio como uno de los frontman más carismáticos del show business, y Richards erigiéndose como un compositor con todas las de la ley, experimentando con sonidos y afinaciones abiertas de guitarra que le han hecho inmortal para la Historia. Además, por supuesto, la dupla de estos dos fenómenos consolidándose como la fuerza compositiva monopólica en la banda. Y, como siempre, Bill Wyman y Charlie Watts seguían siendo la base rítmica más sólida y elegante que ha parido Madre Tierra.

Los primeros meses de 1968 el grupo lo pasaría trabajando en nuevo material. También fue el inicio de la colaboración del grupo con el productor Jim Miller, con quien trabajarían desde entonces hasta 1972. De estos años salieron los que, honestamente, considero los mejores discos de los Rolling Stones: Exile On Main St., Sticky Fingers, Let It Bleed y Beggars Banquet, el que nos trae hoy aquí. Todos estos discos serían una vuelta a las raíces del blues y del country, pero con la interpretación personal de unos Stones que por aquél entonces no tenían suficiente con los purismos.

El primer fruto de esa colaboración fue Jumpin' Jack Flash, canción lanzada como sencillo en mayo. Después de todo el ácido, de dejarse llevar por las corrientes pop y psicodélicas que les llevarían a discos como Between the Buttons o Their Satanic Majesties Request, algo mínimamente alejado del pop o la psicodelia haría las delicias de los fanáticos más puristas. Y este tema realmente lo fue. Uno de los riffs de guitarra más reconocibles de la historia, que arranca un blues frenético y vicioso de guitarras superpuestas; un jugueteo de Richards con diferentes afinaciones abiertas en guitarra acústica, una de las muestras de lo que sería capaz de conseguir experimentando. Se publicó un vídeo para promocionar la canción; la simple imagen de Mick Jagger con las pinturas de guerra lo decía todo: lejos quedaba la psicodelia, las chorreras y los trajes de fantasía y colores, era el tiempo de volver a las raíces.
Los próximos meses se dedicarían a la grabación y producción Beggars Banquet. Las sesiones para ese álbum fueron muy fructíferas, a pesar de la falta de Brian Jones en el estudio. Por aquel entonces sus problemas emocionales y con las drogas eran ya insostenibles, presentándose en una de cada muchas sesiones de grabación con ideas muchas veces irrelevantes para lo que se estaba haciendo en ese momento. Eso no le impidió estar presente en el varias canciones del álbum, aunque prácticamente todas las guitarras quedarían a cargo de Keith Richards, quien se echó gran parte del peso de la composición de la música a sus espaldas.

En aquel entonces los Rolling Stones ya eran una de las bandas más importantes del mundo, pero lo cierto es que su mejor material estaba aún por componer. Y, para muchos, entre los que me incluyo honestamente, este disco es del mejor material que han publicado los Rolling Stones.

Beggars Banquet empieza nada menos que con Mick Jagger poniéndose en la piel y traje de Satanás. El Diablo es el protagonista en Sympathy for the Devil y, a ritmo de samba, repasa algunos de los episodios más funestos de la Historia, desde la condena y las dudas de Jesús hasta el Holocausto. Sin embargo, nuestro protagonista se presenta como un hombre de gusto y bien posicionado, no como la bestia vípera y viciosa del imaginario clásico. Mucho inspiraría esta imagen de Lucifer, presentándolo como un hombre de negocios bien vestido, pero manipulador y sádico. Y ni tan equivocado estaba Mick Jagger cuando afirmaba que todos los males de la humanidad los cometemos nosotros, pese a que nos guste adjudicarlo al lado con cuernos y tridente de la balanza del bien y el mal. Hablando de cosas afiladas, el solo de Keith Richards es uno de los momentos más inspirados del disco, apareciendo de la nada para acuchillar el ritmo sambeño de la canción, llevado a la perfección por las congas y la percusión y el piano del inigualable Nicky Hopkins. Sin mencionar los ya inmortales coros que sazonan gran parte de la canción.

Le sigue No Expectations, un blues que emula las melodías y las imágenes melancólicas del bluesman Robert Johnson y, como un buen blues, No Expectations habla sobre sentirse tirado. Jagger pide que le lleven a una estación y que le metan en un tren, que ya no tiene expectativas para mucho. Obviamente se trata una balada de desamor; como reza en una de sus últimas estrofas: our love is like our music, it's here and then it's gone

Veo necesario para hacer un alto para hablar de Brian Jones ya que este tema fue el espacio para uno de los últimos momentos de genialidad del músico inglés. Sus problemas de salud y sus adiciones ya habían hecho mella en el frágil joven, volviéndolo paranoico, cosa que haría que se perdiese gran parte de las sesiones de grabación para el álbum. Habría algún breve episodio de esperanza, involucrándose en proyectos que le ilusionaban, como la producción en Marruecos de Brian Jones Presents the Pipes of Pan at Joujouka, pero el tiempo acabaría dejando claro que no tendría remedio. 

Según Mick Jagger, la guitarra slide de No Expectations fue la última vez que vio a Jones realmente involucrado en algo que valiese la pena hacer. Es triste, pero posiblemente es más que cierto. Su guitarra en este tema es una de las últimas grandes contribuciones de Brian para la música de los Stones. Las harmonías metálicas del slide son tan elegantes y melancólicas que duelen, pero casan a la perfección con el piano y la base acústica, acordes abiertos de Richards que siguen una progresión similar a You Can't Always Get What You Want. El canto de Mick Jagger es emotivo y sentido y, pese a conocerle, resulta más que creíble que el protagonista de la canción tiene el corazón realmente roto.
Dear Doctor, por otra parte, pone un broche cómico después de semejante balada. El protagonista de la canción es un joven desesperado con dolor donde debiera estar el corazón. Le llora al doctor y a su madre para que le libren de la pena. El motivo de su llanto es que la chica con la que se tiene que casar es "una cerda patizamba" (oh the gal I'm to marry is a bow-legged sow). Ni el bourbon que le sirve su madre, determinada a celebrar el enlace en la hora acordada, consigue calmar a nuestro saco de nervios, que va sintiéndose peor y peor a medida que pasan las horas. Y no es pequeña la sorpresa cuando encuentra una nota en la chaqueta; es para saltársele el corazón por la boca: la nota es de su prometida y, en ella, se lee que siente hacerle daño, que no tiene valor para decirle a la cara que está en Virginia con su primo Lou (el de él, no el de ella). Obviamente, hoy no habrá boda. 

Si Beggars Banquet supuso una inmersión casi perfecta de los Stones a la música country, en gran parte fue por faltas de respeto al género como ésta. Bebiendo inspiración de lo más profundo y endogámico de la cultura redneck y la música honky tonk, este tema es un country blues acústico que roza la parodia, incluso llegando Jagger a imitar el acento sureño en tono burlesco. Sin embargo, está perfectamente ejecutado y las guitarras casan deliciosamente con la armónica, acechante desde las sombras. Parachute Woman aparece a continuación, directa desde el Delta del Mississipi. Un blues crudo y sexual en el que Jagger ofrece a una mujer paracaidista aterrizar encima de él para satisfacer todas sus necesidades. De guitarras juguetonas, slide de Brian Jones incluido, se les une Jagger a la armónica en un cierre genial.

Después de Parachute Woman sigue Jigsaw Puzzle, a la que muchos han comparado con el trabajo de Dylan a mediados de los 60. Tanto si es una inspiración real o no, es una buena muestra de lo larga que fue ( y sigue siendo) la sombra de His Bobness en la música popular. Una letra compleja, de imágenes de marginados, pensionistas y forajidos que rozan el esperpento. Incluso Jagger se permite un divertido guiño a los miembros del grupo (Oh the singer, looks angry at being thrown at the lions; and the bass player, he looks nervous about the girls outside; and the drumer, he's so shattered trying to keep in time; and the guitar players look damaged, they've been outcasts all of their lives). Parachute Woman es un blues acústico adornado con slide guitar, de la mano de Keith Richards, y el piano de Nicky Hopkins, que juguetea con la guitarra, mientras Brian Jones aporta con el melotron.

Un par de meses después, en Febrero de 1969 MC5 publicarían Kick Out The Jams. En él, uno de los mejores discos en directo que se pueden escuchar, la grabación inicia con un speech de Rob Tyner invitando a la gente a salir a la calle y ser "parte de la solución" y no del "problema". Eran tiempos convulsos; el Verano del Amor veía sus primeras hojas marchitas y los jóvenes seguían muriendo con la cara contra el barro. Y las protestas y la revolución llegó a ojos de titanes como los Beatles y los Stones. Sin embargo, mientras que grupos como MC5 se posicionaron claramente a favor de rebelarse y salir a la calle, los Beatles eran conscientes de la revuelta pero no la terminaban de ver con buenos ojos, sobretodo cuando la cosa llevaba a las calles: pero cuando hables de destrucción, puedes dejarme fuera, chillaba John Lennon en el Álbm Blanco de los de Liverpool.

No veo muy diferente Street Fighting Man de el enfoque de Revolution de los Beatles. Mick Jagger es muy descriptivo con las revueltas estudiantiles de Francia de ese año, la situación en Estados Unidos por la Guerra de Vietnam y lo apacible que parece Londres en comparación. Sin embargo, pese a ser una de las canciones más politizadas del grupo, no parece posicionarse realmente, aunque la sociedad y la historia le hayan dado un mayor significado en ese sentido. La canción, eso sí, es un auténtico vendaval sonoro. Un simple rasgueo de San Richards con dos guitarras acústicas superpuestas y un ritmo contundente son suficientes para volar cabezas. Brian Jones toca el sitar, mientras que Nicky Hopkins se encarga del piano y, curiosamente, Richards grabó el bajo debido a indisposición de Bill Wyman.
Aunque en un inicio no fue acreditada correctamente, Prodigal Son es una composición original del bluesman (posteriormente Reverendo) Robert Wilkins. Un blues del delta crudo y arisco sobre un chico que huye de la familia con todo lo que ésta tiene y vuelve escocido a casa después de ser masticado por la vida. Le sigue la que posiblemente es la canción más polémica del disco. Stray Cat Blues trata sobre un hombre que fantasea con mantener relaciones sexuales con una groupie menor de edad. El protagonista no parece tener conflicto con ello, llegando a incitar a la chiquilla (e invitando a una amiga aún más traviesa que ella) diciéndole que no se preocupe, que no es un animal descerebrado. Incluso la letra se atreve a decir que no es un crimen capital, no es nada por lo que uno merezca ser colgado. Por mucho menos hoy día arde asfalto. Pero lo que realmente es un delito es lo inadvertida que ha pasado esta canción en la historia de los Stones. Amén de ser una canción viciosa como ella sola, es una primera muestra del excelente trabajo que haría Jim Miller durante sus años como productor del grupo: un tema eminentemente eléctrico que se enrosca y se engancha como pegamento. Es una canción que recuerda mucho a otras como Midnight Rambler o Can't You Hear Me Knocking.

Factory Girl pone un contrapunto reposado antes de acabar con el disco. El punteo inicial indica que se trata de un tema folk y la percusión y la mandolina lo confirman dulce y sencillamente. Recuerda mucho a las maravillas que harían Led Zeppelin en su III o algunos pasajes de Physical Graffiti. Lo cierto es que, le guste a uno la música folk o no, Factory Girl es un tema delicioso que endulza fácilmente lo más amargo y lascivo del disco. 

Llegamos al final.

Keith Richards ha demostrado con los años que tiene una mano derecha prodigiosa cuando se trata de rasguear acordes. Esa habilidad le viene al pelo a la curiosidad que siempre ha tenido por diferentes afinaciones de guitarra. Salt of the Earth es una muestra excelente de ello, y también es la canción que finaliza Beggars Banquet.

En The Dirt, la biografía de Mötley Crüe, se cuenta que, en uno de sus procesos de desintoxicación conjunta, el grupo se sentaba alrededor de una guitarra a cantar You Can't Always Get What You Want y a llorar juntos. Si bien la canción que cierra Let It Bleed es la catarsis redentiva perfecta y el tema que de ha ganado el cariño de la historia, Salt of the Earth no tiene menos mérito. Es el propio Richards el que, junto a su rasgueo de guitarra, se encarga de cantar los primeros versos en un disco de los Rolling Stones. Y se estrena con un tema precioso sobre la clase trabajadora, "la sal de la tierra".

Brian Jones no participa en éste tema, ni falta que hace. Tristemente, pocos meses le quedarían de vida y su situación de entonces provocaría que se perdiese uno de los temas más memorables de toda la discografía de los Rolling Stones. Mientras el rasgueo metálico de Richards aún está desnudo, entra lo que parece una guitarra slide o una de pedal, que acompañará en las sombras durante toda la canción. Keef se encarga de cantar los primeros versos, y luego comparte la tarea con Mick Jagger, brindándole a las gentes de bien y trabajadoras. En éstas se mete Nicky Hopkins con el piano, juguetón y contundente, y se les unen Wyman y Watts al estribillo, en una conjunción perfecta de buen gusto. En la grabación también colabora el Watts Street Gospel Choir y te das cuenta que toda la canción ha sido una celebración, que roza lo religioso, de todo lo sencillo y bueno que hay en las personas, de esa humanidad que parece que estemos perdiendo.

Si tuviese que encontrarle una pega a este disco, quizá me quedaría con el hecho de que ya no podré escucharlo con la inocencia de la primera vez. Sin embargo con cada escucha es posible detectar un detalle, un matiz o, como con todo en esta vida, escuchar esta maravilla desde otra perspectiva. Me doy por satisfecho con eso y con poder compartirlo con todos ustedes.

Salud.

Young Man's Blues


Si hay una historia de fracaso, injusticia y muerte en con la cara en el barro que merezca ser contada, ésa es la de Rock City Angels. Mucho se ha dicho, conspiranoiado y escrito sobre uno de los episodios más sonados de la escena del hard rock angelino de los 80 y asegurar qué partes son ciertas y qué no se antoja realmente complicado. Sin embargo, es una historia que tiene que ser contada. 


Todo se remonta a principios de los ochenta, Florida. Bobby Bondage, vocalista, y Andy Panik, bajista, se conocen en una proyección del documental sobre la música punk de la época The Decline of Western Civilization y forman The Abusers. El sonido y la estética punk rock en sus inicios se fue maquillando -literalmente- con lápiz de labios, eyeliner y un sonido acorde a los tiempos que corrían: una mezcla de punk y glam sucia y brillante que les caracterizaría durante gran parte de su carrera. Bobby Bondage, en éstas se haría llamar Bobby St. Valentine para ser finalmente Bobby Durango, vocalista ya de Rock City Angels. Pese a tener cierta aceptación y fama entre las gentes de la zona de Florida, el éxito real no llegaba y, cuando el grupo estaba a nada de echar el cierre, apareció Ann Boleyn de New Renaissance Records. Se fija en el grupo y les contrata, llevándoselos a Los Angeles, el lugar a ir si se quería ser alguien en la industria. 

Ya en Los Angeles el grupo conoce a un joven y aún desconocido Johnny Depp, que se enrolaría en la causa como guitarrista rítmico. Su sonido sucio y directo y su estética les hicieron crecer como la espuma en los círculos de pubs y locales de la ciudad, haciéndose un espacio en el nicho de bandas como Junkyard, Faster Pussycat o unos Guns and Roses que aún no eran el dinosaurio que acabarían siendo. Este hecho, precisamente, fue el que puso a los Rock City Angels en el radar de Geffen Records. 


Aquí es donde viene una de las partes morbosas de la historia y vete tú a saber si es cierta: el interés de Geffen no se encuentra realmente en nuestros protagonistas de hoy. A la discográfica ni siquiera le gusta el grupo ni su sonido pero, como he dicho antes, está ganando cierta popularidad en los círculos de un grupo en que la discográfica sí tiene interés: nada más y nada menos que Guns and Roses. Los de Florida son una amenaza real para su juguete favorito y Geffen decide comprar los derechos y el contrato del grupo, según se dice, con malas artes. Se dice que Ann Boleyn de New Renaissance Records recibió amenazas e incluso un inocente atentado contra su vida como parte de las negociaciones.


Al final Geffen se hace con el contrato de Rock City Angels. Ya bajo el ala de la todopoderosa multinacional, el grupo edita su disco debut y éste se publica en 1988; un disco que es, perdonarme que sea poco fino, mejor que se te siente Scarlett Johansson en la cara. Pero antes de meternos en solfa, sigamos con la historia. Geffen descuida deliberadamente la promoción del disco y, aunque el grupo gira con gente del nombre de los Georgia Satellites, Joan Jett o Jimmy Page, el disco no llega tan lejos como debería. De hecho, las turbias habladurías dicen que sí se compraron discos, y el grupo cobraba los royalties que le correspondía, pero que luego estos discos iban a ninguna parte: Geffen los mandaba a destruir.


Cuando Rock City Angels están preparados para arrancar a grabar el segundo álbum la discográfica rechaza todo el material que tenían preparado. Eso es nada menos que cerca de ochenta canciones, más seis temas más grabados en Londres con Brian Robertson, guitarrista de Thin Lizzy. Eventualmente, la todopoderosa Geffen terminaría dándole la patada a estos fracasados. Las teorías pasan desde las drogas a problemas con la propiedad de algunas de las canciones del grupo, el hecho de querer allanar el camino a unos Guns and Roses que sí acabarían triunfando, hasta el interés de mantener a Johnny Depp centrado en su carrera como actor.


Sea como fuere, el grupo cayó en desgracia para acabar muriendo en el olvido. Muchas de estas canciones rechazadas acabarían viendo la luz bajo otros sellos, pero es evidente que Rock City Angels no obtuvieron la popularidad que, personalmente, merecían. Seamos honestos, Guns and Roses demostrarían que están en un nivel completamente diferente, pero este Young Man's Blues, el debut de estos pobres fracasados de la Costa Este, estaba por encima de mucho de lo que se hacía durante esos años en la escena del glam y el sleazy angelino.


El disco en sí es una maravilla con un sonido crudo y sucio que en muchos momentos recuerda a unos ZZ Top pasados por una lijadora. De hecho muchos de los temas más roqueros del disco tienen un tinte a blues rock llevado a la perfección, consiguiendo los riffs sencillos pero contundentes de temas como Deep Inside My Heart o Boy From Hel's Kitchen. El sonido glam de los inicios del grupo se deja manchar por estas influencias, de blues y de soul, dejando un sonido deliciosamente perverso y pantanoso.


Si tuviese que quedarme con un par de detalles sobre este disco (ustedes tendrán sus cosas que hacer y su paciencia tendrá un límite) me quedaría con un par de canciones en concreto. Los dos temas que he mencionado antes, el funky fardón de Beyond Babylon, la excelente rendición de These Armos of Mine de Otis Redding o Gotta Swear. Gotta Swear lo tiene todo, al principio, para ser un single poderoso. El limpio y metálico sonido de una guitarra acústica, un rasgueo sencillo, la voz empieza delicada y sencilla y entonces... Se mancha. En el mejor sentido de la palabra: eléctrico, blusero, un slide eléctrico que alimenta el alma. Está lejos de ser un tema para mojar bragas o llenar estadios, pero es sencillamente delicioso. Luego te viene Dark End of The Street y es mejor si cabe. Más delicada, bonita y con una crudeza que pone la piel de gallina cuando crece y crece para llegar a un intermedio que recuerda al que harían Guns and Roses en su versión de Knockin on Heaven's Door, pero sin la vergüenza ajena.
Young Man's Blues es un disco para enseñar en las escuelas. Denle al play ya.

The Wind



"I'm working harder and... You know, you put more value on every minute... I mean, I always thought I kind of did that. I really always enjoyed myself. But it's more valuable now. You're reminded to enjoy every sandwich, and every minute of playing with the guys, and being with the kids and everything." - Warren Zevon sobre cómo debería ser vivir la vida. 

Hay una escena al final de la segunda temporada de Californication en la que Hank Moody termina la biografía de Lew Ashby, un productor musical con una vida poco menos ajetreada que la de Keith Richards. En la escena, nuestro escritor televisivo enciende un ritual que ejecuta cada vez que termina de escribir un libro: Whiskey, Weed and Warren Zevon. Es una escena muy emotiva y, curiosamente, está aliñada con Keep Me In Your Heart de fondo. Shadows are falling, and I'm running out of breath, keep me in your heart for a while. Ni el más duro sería incapaz de sentir algo.

Hank Moody se presenta, desde el primer episodio de la serie, como un personaje en el fondo del pozo que nunca pierde el sentido del humor cínico y afilado que lo caracteriza. Al igual que el protagonista de nuestra epopeya televisiva, el héroe de la historia de hoy, Warren Zevon, nunca pareció perder el norte de lo que era importante para él y, gracias a esa actitud, y a su viperino sentido del humor, hoy podemos dar gracias por la última obra de su discografía.

Warren Zevon compuso, produjo y grabó The Wind durante los meses siguientes al diagnóstico de un tipo de cáncer de pulmón que le acabaría quitando la vida al año siguiente. Para ello, se rodeó de un elenco envidiable de colaboradores: Tom Petty, Mike Campbell, Billy Bob Thornton, Dwight Yoakam, Don Henley y Joe Walsh de los putos Eagles... y el resultado es un disco más grande que la vida misma.

The Wind no habla sobre la muerte ni la enfermedad que padecía Zevon. Irónicamente, muchas de las canciones de su álbum del año 2000, Life'll Kill Ya, (La Vida te Matará), tratan sobre la muerte, especialmente My Shit's Fucked Up, que habla de cargar años a las espaldas y el declive que viene con ello. A mí, personalmente, me gusta que The Wind no trate sobre la muerte ni la enfermedad, porque el mismo disco ya te da señales por otros medios. La voz de Zevon no es la misma que en anteriores trabajos, y se llega a percibir cansada en algunos momentos, cosa por otra parte totalmente entendible. Ello no le quita ni una pizca de fuerza al disco, que destaca en momentos como Disorder in the House, tema a dueto con el Boss Bruce Springsteen.

Una de mis canciones favoritas es la que abre el disco, Dirty Life and Times, en la que Zevon hace un balance de su vida en clave de country rock, con los excelentes coros del querido Dwight Yoakam. Después de Disorder in the House, sigue una versión excelente de Knockin' On Heaven's Door. Para mí, una de las mejores, si no la mejor, rendición de la canción de His Bobness, Bob Dylan. Curiosidad: Steve Gorman de los Black Crowes toca la batería en el tema.

Numb as a Statue es una canción curiosa. Un rocanról a piano y una excelente guitarra eléctrica, con una letra poderosa que puede estar hablado de drogas o de amor, vistas ambas como una adicción que es capaz de elevar y hundir a cualquiera. Le sigue She's Too Good For Me, que es simplemente para echarse a llorar: I'd wait here for a thousand years, If she'd come back to me. I have everything she wants, and nothing that she needs.

Prison Grove es una canción fantástica. Un blues oscuro con una atmósfera pesada y asfixiante que sólo deja respirar durante el solo de slide de Ry Cooder, afilado como un cuchillo. Siguen El Amor de Mi Vida, balada desesperada y que parte el alma y The Rest of The Night, excelente canción con Mike Campbell a las guitarras y Tom Petty a los acompañamientos vocales.

Esta última canción pone un poco de luz antes de un final de disco que puede resultar demoledor. Please Stay es una canción para enmarcar; tiene a Emmylou Harris a las voces, junto a un Warren que muestra una voz ya cansada, unos teclados dulces durante todo el tema y un solo de saxofón muy sentido. Rub Me Raw, la penúltima canción del disco, anticipa un momento difícil con un blues duro y eléctrico.

Keep Me in Your Heart es una de esas canciones y también se encarga de cerrar The Wind. Aquí, Warren Zevon deja el último mensaje para sus seres queridos.

Una de las últimas voluntades que nuestro protagonista dejó antes de morir, fue pedir a Crystal, su ex mujer, que escribiese una biografía sobre su vida. La petición incluía no obviar ningún detalle de su vida, por muy escandaloso, vergonzoso, ilegal o inmoral que fuese. Gracias a ello tenemos I'll Sleep When I'm Dead, the dirty life and times of Warren Zevon. Armas, drogas, un trastorno obsesivo-compulsivo que le acompañó durante toda su vida y muchas más fechorías aderezan el libro. Resulta gracioso que, de conocer que se trataría de su última canción, cualquier otro la hubiese utilizado con un fin más magnánimo. De redención, quizá. Sin embargo, Warren Zevon, que cualquiera diría que tenía motivos para desear redimirse, utilizó su último aliento para decirle a sus seres queridos y, quizá al resto del mundo, que guardemos un pequeño espacio en el corazón para él. Y lo mejor de todo, de la manera más sencilla:

Shadows are falling and I'm running out of breath, keep me in your heart for a while (...) Sometimes when you are doing simple things around the house, maybe you'll think of me and smile.


Debo reconocer que, pese a ser mi favorito, The Wind no es el mejor trabajo de Warren Zevon. Son otras cosas aquéllas en las que radica la grandeza de este disco. Quizá se deba, no sé, al contexto en el que se grabó el álbum. O quizás se trate del contexto en el que yo escucho el álbum. Quizás, no; se trata de eso. Siempre se trata de eso, ¿no? Muchas de estas canciones tienen un significado muy especial para mí, he tomado refugio en muchas de ellas y aún hoy lo sigo haciendo. Me sorprendo usándolas, inconscientemente, como una especie de catarsis -o un tratamiento, como queráis llamarlo- en el que me enfrento a cosas a las que, de otra manera, me costaría más enfrentarme. Y ahí es, donde muchas veces, duerme latente la grandeza de un disco, esperando a que alguien lo descubra y sienta con él.


El disco:

In the Search of Everything

Hoy traigo lo nuevo de John Mayer.  No me refiero al disco entero, In The Search of Everything, sino a los dos EP que le han precedido a modo de promoción, In The Search of Everything 'Wave One' y 'Wave Two'.

Cada corto, con apenas quince minutos de duración, es un perfecto aperitivo de lo que es el largo, publicado no hace ni un mes. Esta selección del disco, es una maravilla y de alguna manera ha servido para "reconciliarme" con Mayer, al que, siendo sincero, nunca le he acabado de pillar el punto. No creo que sea por nada en especial. Simplemente, cosas que pasan.

Posiblemente le escriba unas palabras al disco en unos días. O no, quién sabe. Lo que puedo asegurar es que estas ocho canciones (gran parte del grueso de lo que ha acabado siendo el disco) me han dejado con ganas de más.


La Primera Ola empieza con Moving On and Getting Over, tema juguetón, lleno de soul y con un ritmillo por el que dejarse llevar. John Mayer aquí seduce elegante y pícaro. Changing le sigue al piano con un mensaje muy bonito y positivo y, para cuando entra la acústiva y el slide ya tienes un piso en La Gloria. Poquito a poco va creciendo hacia un solo de guitarra simple y muy melódico, suave y elegante.

Cuando te viene el estribillo de Love on the Weekend entiendes por qué es el single del disco. Es muy suave. No es de mis temas favoritos de esta selección, pero no puedo evitar disfrutarlo de todos modos. You're Gonna Live Forever in Me cierra con un silbidillo de lo más agradable, y Mayer solo con el piano haciendo una interpretación vocal deliciosa. Un cierre brillante para una muestra del Disco que, pese a lo corta que es, da la impresión de que no se le puede pedir más.

Es una suerte que haya más, ¿a que si?


Still Feel Like Your Man tiene un gustillo como ¿a disco?, ¿funky? Sí, es muy funky. Y soulful que te caes para atrás, con ese falsete que hace Mayer. Sea como sea, es un tema con un ritmo que personalmente me gusta mucho. Le sigue Helpless, tema más rockero pero con un trasfondo de soul sureño que se convierte en una delicia. John Mayer tiene alma. 

Emoji of a Wave es un tema al que le encuentro muchos sabores. Una pizquita de soul en varias oleadas folk (bendito estribillo, bendito Its just a wave..., bendito it breaks my heart... y una guitarra delicada que temes que vaya a romperse. No puedo evitar pensar en Beck al escuchar su canción, en especial en su disco Morning Phase

Roll it on Home me hace pensar en Gram Parsons. Y tengo debilidad por cualquier cosa que me haga pensar en Gram Parsons. Es mi punto flaco. Aquí Mayer ejecuta a la perfección un country rock muy animado. Desde el primer rasgueo y el primer slide de guitarra te eleva a un ánimo mucho más agradable y no decae hasta que termina.

Lamentablemente, es el cierre para estos dos cortos. Dos olas de lo más agradables y refrescantes. Las recomiendo ferozmente. A mí me han dejado ansioso por escuchar lo que queda.



He tardado dos semanas en escribir estos cuatro párrafos tontos y, como no podía ser de otra manera, he escuchado el disco entero. Es precioso. Delicioso, delicado, fantástico y un placer para los sentidos. Ya me estáis tardando.

Holy Ghost


El disco que traigo hoy tiene un pequeño rinconcito en mi corazón por varias razones. Primero, por ser mi disco favorito de mi guitarrista favorito de mi grupo favorito; segundo, por ser uno de los que, personalmente, considero mejores discos de 2014 y, tercero, por el recital que dio Marc Ford en Barcelona ese mismo año. Concierto que, lamentablemente, me perdí. En 2015 tuve la ocasión quitarme una pequeña astilla de la espina que tengo aún clavada viendo al Hermanísimo Rich Robinson en un recital acústico que me llenó el alma de mariposas, y el noviembre pasado tuve la ocasión de ver a M-Clan presentar el mejor disco que han parido los de Murcia desde Para No Ver el Final, en un concierto en el que se me cayeron las lágrimas. Literal.

Holy Ghost, el que nos trae hoy aquí, es un disco de canciones hechas con el corazón. Se nota desde en las letras hasta la música, pasando por los arreglos y todas aquellas pequeñas cosas a veces imperceptibles, pero que están ahí y se marcan detalles que te hacen sonreír para tus adentros, y pensar que estás con un disco que te puede acompañar y mecer en un momento de necesidad. 

Yo, personalmente, no le pido nada más a un disco. Se nota precisamente en esto, en los detalles, que la banda que escogió Marc Ford para grabar este disco en el estudio tiene una sensibilidad especial para este tipo de canciones. La banda se llama Phantom Limb y te la recomiendo sin dudarlo. Es uno de los aspectos que creo marcan la diferencia en este disco.

El tono del disco gira en torno al rock suave de raíces, y la música americana de esa que nos gusta tanto. If I'd Waited inicia el disco casi a capella, un tema de menos de un minuto que catapulta Blue Sky, country rock bonito, bello y delicioso que casi te hace bailar y luego te hunde casi sin darte cuenta en un segmento más profundo de las raíces con Dancing Shoes, y te trae un tema lento con un banjo y steel guitar y unas melodías vocales que hacen que se separen las nubes de tormenta. ¿He dicho ya que este disco lo tiene todo?


Otros detalles bonitos del disco son lo mucho que se parece You Know What I Mean a Honey I've Been Thinking About You de Jackie Greene, y a una canción de Bruce Springsteen que ahora no recuerdo; lo optimista que suena I'm Free; lo dulce y melosa que es Just a Girl y el pedal steel cubriendo el suelo con las lágrimas de felicidad del que escribe. ¿Acaso no he dicho que este disco tiene todo lo que puedo desear?

Pero no todo es esto, también hay cortes desgarradores que contrastan con toda la luz de este largo. Tenemos Badge Of Descension, guitarras lúgubres que te oprimen el corazón al compás de un tempo pesado, y te lleva a un estribillo que se hace suave y hasta delicado. Se trata de un estribillo por el que sufres y no quieres que se rompa, pero que luego te lleva otra vez al inicio todo vuelve a empezar. 

Los solos de Marc Ford, antaño cercanos al blues rock y de los Zeppelin más cañeros, tenían un tipo de elegancia especial latente que, bajo el nuevo contexto que nos presenta, sale a relucir de una forma deliciosa. Menos es más, amigos. Este disco no es para los grandes solos de guitarra, pero sí para pequeños momentos de elegancia a las seis cuerdas. Digo esto por la maravilla que es el solo de Dream #26, conducido por un pedal steel que te hace suspirar de lo bonito que lo hace todo.

Canciones bonitas, canciones bonitas. Si mi casa ardiera y tuviese que llevarme solo un tema me quedaría con Call Me Faithful, tema redentor y desesperado que te parte el alma. ¡Y es la que cierra el disco! 

Qué mejor que cerrar un disco bonito llorando por lo bonita que es la belleza que lo envuelve y sale de dentro de sus entrañas.

Morning Phase


Hoy toca lo nuevo de Beck. Cantante, liricista, multi-instrumentalista, precioso y ondulado pelo rubio... el yerno que querríais para vuestras madres. Pero ya está cogido, lástima chicas. Felizmente casado y con hijos -quién pudiera, ¿eh?- este Morning Phase suena completamente distinto a aquél Sea Change, álbum para fin de relaciones por excelencia, pero salvando paralelismos y puntos en común. El tono, la simpleza y la belleza de los dos álbumes, donde en uno toma el color de la melancolía y el otro una luz brillante y cálida, apacible. Morning Phase es un disco de fácil escucha y digestión desde el principio hasta el final.

Aunque tanta belleza, tanta luz, trae sombras consigo. El tándem Cycle y Morning que abre el disco puede ser devastador emocionalmente si toca la fibra que no toca. Un despertar glorioso o una noche atragantada. Al igual que Waves, un tema precioso con una atmósfera muy densa y fuerte (Iiiisolaaaatioon...) pero con un mensaje de alguna manera positivo:

If I surrender,
And I don't fight this wave
I won't go under
I'll only get carried away

Y, antes de seguir medianamente serio, un dato curioso que probablemente no importe a nadie. No puedo quitarme la idea de la cabeza de que la voz de Beck tiene un registro extremadamente parecido al de David Coverdale en este disco. De hecho, a veces -ya habré escuchado éste unas cuantas veces...- a veces me sorprendo pensando que es His Coverdaleness, entre finos y melosos arreglos orquestrales, en Waking Light, por ejemplo, sencillas guitarras folkie (Turn Away) y algún toquecito -el delicado slide y la armonica de Country Down- de americana. A grandes rasgos, las canciones, el disco, no se alejan mucho de esto. 

Como he dicho, este disco es muy sencillo de escuchar y fácil de digerir. Si tuviese que pasar un rato agradable al sol, sin que me abrase, mecido por una tenue brisa y disfrutando de un zumo de melocotón, Morning Phase estaría ahí conmigo. 




Izzy Stradlin and the JuJu Hounds



El principio del fin del sueño, de la formación original de Guns n’ Roses no es algo claro. Con las drogas, las giras que nunca se terminan y la bomba de relojería que es Axl Rose y sin un parón para limpiar estómagos y asperezas (qué bien le sentó a Mötley Crüe y qué poco le duró el parche) era inevitable que la cosa se saliese de madre. Por no explayarnos mucho, simplemente decir que la historia es ya conocida por pocos y que está ahí, esperando a ser leída, vista u oída con la voz de Matt Sorum en audiolibro –sólo en nuestras fantasías más húmedas.

La historia de Izzy es diferente. El bueno de Izzy no fue echado de la banda. Purgado. Destilado. Su destino no lo decidió la mano menstrual de Axl Rose, Izzy se cansó y dejó la tripulación cuando las turbulencias no le mareaban sino que le daban náuseas, literalmente. Según él esto empezó cuando dejó las drogas, preguntándose: ¿esto es todo? No le gustaba todo lo que venía con la fama de Guns n’ Roses.

Así que el de Indiana dejó el puesto que más tarde Gilby Clarke ocuparía más que dignamente y se dedicó a su música –y a sus demás pasiones, como el motociclismo- a su manera, con la inestimable ayuda de Rick Richards, excelente guitarra de los Georgia Satellites. Y, hablando de Georgia, los Black Crowes estuvieron rondando al de Lafayette, pero al final fue Marc Ford quien, gracias a los astros, se llevó el puesto. El primer paso fue formar su banda, los Ju Ju Hounds y para 1992 ya tenía el material grabado para su debut, Izzy Stradlin and the Ju Ju Hounds.

Citando a un amigo, a la vez que alguien que sabe más que yo, puedo seguir escribiendo sin vacilar que el disco debut de Izzy Stradlin es el mejor álbum que ha grabado nunca un Rolling Stone, con la peculiaridad  que no lo hizo ningún Stone. Un disco de rock clásico bañado con lo mejor que dejaron los Stones de Mick Taylor –y la carrera en solitario de Ronnie Wood y otros grupos como los Faces- y a su vez muy influenciado por el punk rock y el reggae, ambas pasiones de Izzy, y el rodaje previo de Richards con los Satellites. Somebody Knockin’ abre el disco en la línea de temas como 14 Years o Dust N’ Bones haciendo que esperes lo mejor de este disco, con colaboración de lujo de la mano de (oh, sí, nene) Craig Ross. Le sigue la punk rockera Pressure Drop, original tema reggae de los Maytals, con un final puramente del estilo de la canción de los jamaicanos. Izzy volverá a coquetear con el reggae, no hay de qué alarmarse. Le sigue Time Go By, excelente tema acústico y muy bluesy que recuerda a You Ain’t the First, otro de los temas que firmó Izzy en los Use Your Illusion, con un delicioso trabajo con el slide guitar de parte de Rick Richards.

Shuffle It All es la joya del disco y a mi gusto una de las perlas más brillantes que ha compuesto Izzy durante toda su carrera. Desde el riff de bajo que lleva a la canción a el rock and roll puro que es el tema pasando por el órgano y los licks de guitarra líder recuerda especialmente a los Stones de principios de los 70 o a los mejores momentos de los Faces. A veces Izzy parece que cante cansado, como parte de su personalidad, y en este tema se aprecia muy bien. Dócil y dulce aunque algo raspado. Bucket o’Trouble es otro tema con mucha actitud punk rock, al que sigue Train Tracks, frenético blues rock muy en la estela de los Georgia Satellites o los Black Crowes de aquél fantástico debut que es Shake Your Moneymaker.


La segunda mitad del disco empieza con How Will It Go, otro tema-balada con base acústica y Richards haciendo maravillas para aderezarlo. Cuttin’ the Rug es otro tema muy ‘rockandrolero’ que en cierto modo podría haber quedado muy bien para los UYI, me da la impresión. Le sigue Take a Look at the Guy de, exacto, el viejo Ronnie Wood, quien pone también las voces. Una delicia. El disco termina  con la preciosa canción que es Come On Now Inside. Con coros y todo. Y Nicky Hopkins. Y mandolinas. Lo tiene todo. La cinta termina del todo con Morning Tea, breve instrumental de percusión.

La carrera de Izzy Stradlin será constante durante los años y sin alejarse mucho de la línea del rock and roll de corte clásico vestido un poco con punk rock y otro poco de reggae, pero este disco, entre los gustos del autor como el mejor que haya firmado el inmortal guitarra de los Rouses, ya no se repetiría. 

By Your Side


Parecía que los Cuervos de Georgia se quedaron de algún modo huérfanos después de la marcha de Marc Ford y Johnny Colt. Con Marc se fuegran parte de la magia de su sonido en The Southern Harmony and Musical Companion, Amorica y Three Snakes and One Charm, a los que magia no les faltaba precisamente, y en directo, marcándose unas guitarras sencillamente fantásticas. Con Johnny se marchó el bajista original, un músico mucho más que competente y, por qué no decirlo, un guaperas de cuidado.

Parecía que los reemplazos no estarían a la altura, sobretodo en la guitarra, que Rich debería tomar más responsabilidades a la guitarra solista en estudio y en directo para no perder la frescura y el encanto de Marc Ford, para no quedarse en una simple banda de rock sureño. Parecía que By Your Side sería como mucho un buen disco pero que no tendría el aura de sus tres anteriores trabajos, ni siquiera la frescura de su debut. O al menos es lo que pensé yo antes de escuchar el disco y sabiendo que la formación original estaba coja. Parecía. 

Pero no es así. Estamos hablando de los Black Crowes, ¡carajo! Vamos a dejar de lado esa vieja cascarrabias que es la objetividad -¿quién la necesita? No aquí, al menos- y admitámoslo: los Black Crowes no pueden hacer nada que esté mal. Ni el 'Zepp-esque' Lions, ni un disco de versiones de temas disco, ni siquiera coqueteos con la electrónica, no. ¡Son los Black Crowes! By Your Side es una maravilla del rock and roll, rock and roll de ese bueno, de ese que viene del sur y que tiene ese toque negro que tanto gusta. Mucha frescura, mucho soul, coristas negras -o quizá no, pero que suenan a negro-, vientos, armónica, slide... Rich se desenvuelve a la perfección en labores de guitarra líder, y aunque el paso de Audley Freed por la banda es más bien discreto, es de sobras un guitarrista excelente, como se puede apreciar en los discos de Cry of Love. Sven Pipien es un bajista maravilloso y es el mejor reemplazo posible a Colt. Steve Gorman no necesita defensa, señores del jurado. Y Chris, ah, Chris. Si antes dije que con Marc Ford se fue parte de la magia de los Black Crowes puedo decir sin temor a decir una tontería que Chris, junto con su hermano, son toda la magia que necesita mi mejor grupo de rock de la historia. Con el permiso de Sus Majestades.

La formación también giraría con Jimmy Page, grabando un delicioso directo. Casi nada.

En definitiva, y sin explayarme mucho, By Your Side suena de algún modo a la continuación perdida de Shake Your Money Maker. Toda esa música tradicional del sur que hace el rock and roll, blues, soul, funk... con el toque especial de los Black Crowes. Once canciones que no dejan quieto ni al más pintado, rock directo y, como bien le dijo Chris a Papito Bosé si Three Snakes and One Charm es algo así como una mañana de domingo, By Your Side es el disco de la noche del sábado. Para nada algo que haría una banda coja y cansada. Disfrutadlo tanto como yo lo hago. 

Otis Blue/Otis Redding Sings Soul





La carrera musical de Otis Redding fue, lamentablemente, muy corta. Como ya se sabe se vio interrumpida por su muerte en aquél trágico accidente de avión de 1967. Pese a la ‘brevedad’ de su carrera en solitario, por el ritmo frenético de la industria musical de entonces podemos disfrutar de bastantes discos del que es para mí –y muchos otros- Rey del Soul.

No podría quedarme con un solo disco como el mejor o el favorito, cosa que normalmente sí que hago. La necesidad de catalogar y enlistarlo todo. Por eso que hoy escriba unas palabras sobre Otis Blue: Otis Redding Sings Soul no es nada arbitrario. Podría ser cualquier otro, pero tiene algo de ¿metafísico? Otis Redding Sings Soul. Simple y llanamente, no cabe esperar nada más cuando le das al play a una grabación del Rey. Simplemente Otis cantando Soul.

Como en la mayoría de grabaciones de Otis, al escuchar Otis Blue te da la impresión de estar allí mismo escuchando una simple toma, un ensayo o una actuación en directo. La producción resulta muy orgánica aunque muy, muy limpia. Se puede apreciar a la perfección la voz de Otis sin ningún tipo de aditivo añadido. Todo el soul y el R&B que tenía, pese a no tener formación alguna como cantante, se hacen de notar y dejan huella por encima de los demás instrumentos –una formación básica con guitarra, teclados, base rítmica y vientos.

La mayoría de las canciones del disco son versiones, siendo sólo tres de los once temas escritos por Otis. Se grabaron tres versiones de Sam Cooke –quien había fallecido meses antes-, Change Gonna Come, Shake y una deliciosa rendición de Wonderful World; Rock Me Baby de B.B. King –con un Steve Cropper brillante a la guitarra- Down in the Valley de Solomon Burke, My Girl de Smokey Robinson y You Don’t Miss the Water de William Bell. A ellas se le une la versión la canción que hizo a los Stones dar la vuelta al mundo por primera vez, Satisfaction. Según Keith Richards, los arreglos de viento de la canción sobreponiéndose al riff principal de guitarra eran la idea que se tenía en mente para grabar la canción, pero al final no fue posible. El toque puramente soul que le dan estos arreglos y la interpretación de Otis hacen que sea mi versión preferida de la canción. Aunque, en mi humilde opinión, creo que la falta de esos arreglos en la versión original y el riff con distorsión el cuerpo de la canción son los elementos que hicieron de esta canción una de las principales del Greatest Hits del Olimpo del Rock.

Tres son las canciones escritas por Otis para este LP. Respect, de la que no hace falta decir mucho y que más tarde Aretha Franklin inmortalizaría para los siglos de los siglos, I’ve Been Loving You Too Long, uno de los temas más conocidos del de Georgia y Ole Man Trouble. Ésta última es una de mis preferidas del disco. Un tema más serio y triste, casi un blues si no fuese por la interpretación de Otis. El lick de guitarra me resulta curioso por sonarme siempre algo oscuro. Es un tema que me encanta y me parece muy original.

No estoy muy formado en la escucha del soul pero este disco tiene que ser una de sus obras magnas por fuerza. Un disco perfecto tanto para sentarse y disfrutar un rato como para empezar a rodar escuchando a los grandes de la música negra.